¿COMO SE MANIFIESTA EL TRASTORNO DISOCIAL EN NIÑOS?

El llamado trastorno disocial se caracteriza por “un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que se violan los derechos básicos de los otros o  importantes normas sociales adecuadas a la edad del sujeto”. Se trata de nuevo, de comportamientos cualitativos y cuantitativos que van mucho más allá de la simple “malicia infantil” o la “rebeldía adolescente”. Por lo general, el trastorno disocial implica la participación consciente por parte del niño o adolescente en actos que involucran un conflicto con la normativa social o con los códigos de convivencia implícitos en las relaciones en sociedad.

Estas manifestaciones suelen ir unidas a una serie de situaciones familiares, sociales, escolares que influyen tanto en su origen como en su mantenimiento. Los comportamientos que se manifiestan en el Trastorno Disocial, pueden ser:

  • Agresiones a otras personas, intimidar, fanfarronear, ser cruel con otras personas, iniciar peleas, ocasionar daño físico a personas o animales, forzar a una actividad sexual, etc.
  • Dañar la propiedad de otros, incendios, destrucción deliberada.
  • Fraudulencia o robo, violentar el hogar, la casa o el automóvil de otra persona, mentir para obtener favores, timar, etc.)
  • Violaciones graves de normas; transgredir normas paternas, permaneciendo fuera de casa de noche –iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad–, escaparse de casa durante la noche, salirse de clases en la escuela, etc.

Trastorno Disocial De inicio Infantil. 

Es cuando aparecen algunas de sus manifestaciones antes de los 10 años de edad (iniciarse en la infancia media, en torno a los 5 ó 6 años de edad). Por lo general, es antecedido por el Trastorno Negativista Desafiante. En este evento se habla más más bien de una situación continua que encuentra sus primeros contenidos de conducta en la oposición y desafío a las figuras paternas de autoridad y una vez ingresa al sistema educativo, se generaliza a otras figuras de autoridad y comienza a adquirir nuevos contenidos.

Trastorno Disocial De inicio Adolescente.

Ocurre cuando hay ausencia de cualquiera de sus características antes de los 10 años de edad. Una gran cantidad de las conductas que aparecen en esta etapa no difieren en demasía de las que muchos adolescentes mantienen en el camino hacia la búsqueda de su identidad. Así, puede haber similitud entre conductas propias del trastorno, con aquellas de la adolescencia donde la oposición a las normas sociales, constituye una prueba de los límites del individuo en la construcción y reafirmación de la personalidad.

En el Trastorno Disocial, también se implica un deterioro importante en las actividades escolares, sociales y/o laborales del sujeto, situación que se convierte en el principal factor de reproducción de las conductas perturbadas de los sujetos.

El alumnado con Trastorno Disocial plantea problemas continuos de disciplina en clase, falsifica notas escolares, miente a la familia y al profesorado, se sale de clases, se escapa de casa y, con frecuencia, lleva un rendimiento escolar deficiente, sin tener la menor motivación para el aprendizaje.

En la adolescencia se comportan de forma agresiva, osada, retadora, desprecian los valores aceptados y enfocan las relaciones interpersonales de forma manipuladora, con la intención de sacar beneficios.

Quienes padecen este trastorno disocial, muestran una gran insensibilidad hacia los demás, frialdad extrema ante los sentimientos del otro, así como también hay falta de compasión y piedad ante los sentimientos de los demás. La sociedad en la que viven, la familia, el medio escolar, deja de ser para este adolescente un espacio de crecimiento y desarrollo, y pasan a representar todos los valores que lo niegan como ser humano, y ello le lleva a identificarse progresivamente con valores “contraculturales” en abierta oposición con los escolares, institucionales y familiares.

En los varones, suelen presentarse comportamientos con un mayor grado de agresividad que en las mujeres, incurriendo frecuentemente en robos, peleas, vandalismo y problemas de disciplina escolar, y en algunas ocasiones, consumo de drogas. En las mujeres, que aún son socializadas en una pauta un tanto más pasiva que la de los varones, la agresión se manifiesta de una manera más sutil; por ejemplo, muchas niñas utilizan el rechazo social como forma de acción dañina hacia sus compañeras. El nivel de violencia implícito en estas conductas es comparable con el daño de la agresión abierta expresada por los varones, o algunas veces, puede llegar a ser peor. Otras conductas desarrolladas con trastorno disocial, por las niñas pueden ser mentiras, absentismo escolar, consumo de drogas y prostitución.

Además de las categorías anteriores, que son las más frecuentes de inicio en la infancia o adolescencia, hay otras patologías psiquiátricas, casi siempre de diagnóstico más tardío, en las que las conductas antinormativas, disruptivas u oposicionistas son nucleares en sus manifestaciones, y que originan también un importante deterioro personal y social. Es el caso de los Trastornos de Personalidad, especialmente, el Trastorno Antisocial, el Trastorno Narcisista, el Trastorno Límite de la personalidad, o también el caso de algunos Trastornos del control de impulsos, como el Trastorno Explosivo Intermitente que pueden implicar episodios aislados de violencia o destrucción de la propiedad.

También es importante destacar que, en algunos trastornos de origen emocional, tanto de origen endógeno como reactivos a determinadas circunstancias ambientales, problemáticas familiares, duelos, violencia familiar, son frecuentes la presencia de alteraciones conductuales asociadas a la sintomatología afectiva: oposicionismo, irritabilidad, baja tolerancia a la frustración, negativismo. En este caso es importante tener en cuenta el origen emocional de dichas manifestaciones para dar una respuesta terapéutica adecuada.

Trastorno Disocial y Comorbilidad

Es importante reseñar que los trastornos del comportamiento anteriormente descritos presentan un elevado índice de comorbilidad, tanto con otros trastornos psiquiátricos, –por ejemplo, los tics, abuso de sustancias, trastornos afectivos- como entre sí.  Así, se calcula que la mitad de los niños con TDAH tiene además otro trastorno del comportamiento, Trastorno Negativista Desafiante o Trastorno Disocial, lo que empeora el pronóstico y aumenta la complejidad de las medidas terapeúticas y educativas (Mardomingo, 1994).

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